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MIÉRCOLES,9 DE NOVIEMBRE DE 2005
LOS VECINOS DE PUENTE CASTRO PIDEN MEJORAS PARA EL BARRIO
El alcalde de León, Mario Amilivia, recibió ayer una batería de propuestas por parte de la Asociación vecinal Aljama de Puente Castro, tras reunirse por espacio de una hora con su presidenta, Flory Fernández Castro, y otros representantes.
Los representantes vecinales hablaron de la necesidad de limpiar el Torío a su paso por Puente Castro, de la posibilidad de contar con diverso mobiliario urbano como bancos y nuevos juegos en los parques de la calle la Flecha y en el parque de Aljama, así como de la exigencia de actuar en el histórico puente que da nombre al barrio.
El alcalde y los concejales tomaron nota además de otras propuestas en materia de medio ambiente, tráfico y bienestar social, así como de las condiciones de adquisición de las viviendas de protección pública que se construirán en el entorno de Santa Isabel, de las características que tendrá el futuro polideportivo que se construirá en esa zona y de las futuras actuaciones de restauración en la antigua Iglesia.
Los
vecinos de Puente Castro piden el uso de la
Iglesia Vieja de San Pedro.
«Seguiremos
recogiendo firmas y concentrándonos. No queremos enfrentamientos,
pero recordamos que se prometió el uso público de la iglesia»,
explicaba ayer
Flory Fernández,
presidenta de la Asociación de vecinos Aljama de Puente Castro. Los vecinos están también
molestos porque dicen que el Obispado nunca les comunicó por escrito
sus intenciones. «Cuando empezaron
a llegar los rumores es cuando empezamos a organizarnos y a mandar
escritos al Obispado y al Ayuntamiento», aclara la representante
vecinal.
Podéis ver la noticia completa en http://www.diariodeleon.es/se_opinion/noticia.jsp?
la Presidenta de la Asociación de Vecinos ALJAMA de Puente Castro responde a la anterior Tribuna del Obispo de León.
LA IGLESIA Y EL PENDÓN DEL PUEBLO SON
Este es el título de la Tribuna de Diario de León del 3 de Noviembre
de 2005 (ayer día 2 fue publicada en La Crónica)
El artículo completo podéis consultarlo en el siguiente enlace: http://www.diariodeleon.es/se_opinion/noticia.jsp?CAT=108&TEXTO=4217698
JULIO CAYÓN escribe en La Crónica del domingo
6 de Noviembre el siguiente artículo.
Andaba revuelta la Diócesis de San Froilán. O, al menos, una parte
de ella, un barrio humilde y muy propio de la ciudad, Puente
Castro, que, hecho un griterío entonado y en madeja, decía
que la iglesia y el pendón, del pueblo son. El pendón, seguro.
La vieja iglesia -hoy cerrada al culto- que reclama
al Obispado para uso y disfrute de la vecindad y sus asociaciones,
acabará diciéndolo en un tiempo prudencial el obispo
Julián, del que señala un cura de tronío y sabiduría urbana, que se
mete en todos los charcos.
La revolución secular y sus consecuencias mediáticas estaba echada
hasta el jueves último en la margen izquierda del Torío. Y ya no había
quien la parara ni quien cruzara muros de contención. Y si, al final,
a pesar de la tregua dada desde Palacio, les denegasen el recinto,
no habría, tampoco, quien le pusiera freno a Puente Castro y sus gentes.
En comunión y apretados como una piña de La Candamia, reclamarían
el derecho a disponer de la antañona iglesia de San Pedro a sangre
y fuego, dicho sea en un sentido estrictamente metafórico
.
Al prelado se le había metido entre ceja y ceja que el templo lo usufructuase
la comunidad greco católica asentada en León, es decir, un grupo de personas que, por encima de todo, por consideración y democracia, tiene el derecho a celebrar sus oficios litúrgicos
y sus actos en la intimidad. Eso lo comprenden
los vecinos de Puente Castro y el resto de los de la capital leonesa,
aunque también entiendan que la caridad empieza por uno mismo.
Lo que su reverendísima no había medido hasta el jueves, como en tantas
otras ocasiones le ha pasado, era la crispación que su magisterio
estaba produciendo a los parroquianos de Puente Castro, sus parroquianos,
los cuales, con toda la razón alegaban -y seguirán alegando- que el
Obispado, dada la actual situación de crisis vocacionales, dispone
de varias dependencias, muy cerquita todas ellas de donde vive el
ordinario de lugar, al lado mismo, en el corazón de la capital leonesa,
para dar cobijo a las ovejuelas de la Iglesia hermana.
Y es que si el obispo se empeña en deshacer una cosa para hacer otra,
en irritar los ánimos de los vecinos para agradar a una minoría, en
no dar con la solución adecuada para que quede claro que el que manda
es él, se equivoca. Claro que manda, aunque lo incierto del asunto
es que los residentes del barrio se dejaran mandar. He ahí la cuestión.
Su eminencia, desde que llegó a la capital leonesa, ha tenido, en
el mejor de los casos, tantos encuentros como desencuentros. Y ahora
que parecía que todo estaba en calma y normalizado, que la ciudad
era una balsa de aceite y un remanso de paz, tenía que surgir una
nueva polémica que nunca debió producirse. Después de lo ocurrido
habrá que confiar en la buena voluntad del pastor y en que el vicario
episcopal de Asuntos Económicos y Sociales, Pedro Puente, también
colabore. Le afecta especialmente